viernes, 28 de enero de 2011

La dulce escapada

Escribiendo desde el sofá, viendo como el sol empieza a querer descansar en este cielo seco y helado, convirtiendo las nubes en algodones de azúcar, escucho a unos niños jugando en la cercanía de un cuarto cerrado, aprendiendo una cancioncilla a la vez que chocan sus manos. El perro más relajado del mundo yace a mi lado, con su rizado pelo blanco, no podría distinguirse en la nieve nada más que por sus ojos negros y nariz rosada. Emite un suave aliento sobre mis rodillas, mientras le rodeo con mis manos y miro por el ventanal. El cielo está pintado con pastelillos dulces y no puedo más que imaginar que toda la tierra está cubierta de nata montada. La niebla ha salido del bosque, una niebla espesa y baja, típica de una mala película de terror, es tan densa y tan blanca que cuesta distinguirla de la nieve. Mientras escribo estas malas letras el cielo muta en oscuros púrpuras y rojizas nubes, cambiando a cada segundo. Me siento afortunada de estar aquí, con este frío seco que me abraza y el silencio que lo acompaña. Rodeada de la más absoluta blanca nada, no puedo más que pensar que ésta es la mejor soledad del mundo, repleta de maravillas en cada microscópico detalle.

Sunset lights
Puede que venir aquí sea lo mejor que he hecho en años. Y estoy orgullosa de no echar nada de menos (de momento). Puede que esto sólo sea el subidón de los primeros días, que dentro de un par de semanas se me caiga el mundo encima... pero de momento, pienso disfrutar de esta droga y espero que el efecto no se desvanezca.

Estoy cansada, apenas como y estoy siendo la mejor amita de casa del mundo.
Pero soy feliz. :)

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