miércoles, 14 de enero de 2015

Brote 32: Silencio

Cuaderno blanco
Algún lugar del interior de Letonia, cerca de la frontera con Bielorrusia

...revisado mi equipo por quinta vez al llegar al oscuro caserón destartalado. El petate pesa menos cada día. La última semana ha resultado inútil. Nada aprovechable, excepto pienso para caballos, una botella medio vacía de Laua Viin y una lata de pescado en conserva. Sigo cojeando y la rodilla tiene mala pinta. Maldito caballo. No para de llover y Bea no deja de hablarme. Aún no he encontrado ninguna ciudad, pueblo o aldea que no esté llena de ellos. No es tan fácil como en las películas, no soy Rambo. Desde que llegué a tierra firme no he hecho más que huir. Ni siquiera tengo un mapa, sólo la pequeña brújula-llavero que cuelga de mi petate. Algo que con toda seguridad me llevará a los Cárpatos antes que a casa. ¿Y para qué quieres llegar a casa? me pregunta sin cesar Bea. No lo sé. En realidad no lo sé. Pero es lo que la gente hace, ¿no? Volver a casa. Todo el mundo prefiere morir en casa. Bea me mira en silencio. Silencio. Un silencio que se ha convertido en mi compañero de viaje. Sólo interrumpido ahora por el chapoteo incesante de la lluvia, golpeando y atravesando el podrido techo que me cubre. Está oscureciendo. Tengo frío. Estoy muy cansada.