lunes, 22 de octubre de 2012

La muerte me rodea

No sé si es porque acabo de cumplir 27 años. O si es que en el fondo se me está yendo la cabeza.

La cuestión es que últimamente no paro de pensar en la Muerte. Todo me recuerda a ella. Me he dado cuenta de mi propia mortalidad y de todos los que me rodean. Parece que la busque. Si veo una peli sobre el Che, acaba y me pongo a buscar en internet sus fotos muerto, por ejemplo. Me pasé una madrugada entera buscando las fotos de los altos mandos nazis muertos. Hasta de los hijos de Goebbels, que parecian que estuvieran dormiditos. Al final, esa noche, tanto ver cadáver, no dormí. 

Leo estos días un par de libros llamados Polvo eres y Polvo eres II de Nieves Concostrina, en los que se cuentan muertes famosas (o no tanto) y que pasó con algunos de los cuerpos. Están contados de una forma amena e incluso divertida, no me parecieron nada morbosos. Parece que a ésta mujer le va el folio, como a mí. La cosa es que me pongo sensiblera, y cualquier cosa me saca tres lagrimones o cuatro, como el chaval que murió y su familia, cada vez que se va a comer una pizza, deja 500$ de propina al camarero porque así lo quiso el muerto.  

Me fascina saber qué pasa con los cuerpos una vez muertos. Y qué hacen los vivos con ellos. Que si autopsias, que si formaldehído, que si momias, que si cremación, que si saponificación cadavérica, que si epitafios, que si cuanto tarda un cuerpo en pudrirse en agua, en tierra o al aire libre, que si la gente roba muertos por gusto o por razones políticas, que si memento mori, que si fotos aquí, videos allá... Aquí, en Finlandia, antiguamente, cuando alguien moría en casa, se le metía en la sauna, donde le velaban hasta el entierro. Las tumbas aquí son de tierra, aún no he visto ningún nicho. A eso, súmale que medio año esto está completamente nevado. Así que cuando visito un cementerio, no puedo parar de pensar que esos cuerpos, esos huesos que me rodean, están frescos, muy frescos, y que posiblemente el proceso de putrefacción tardará mucho más del doble que en un lugar como España, por ejemplo. ¿Ya os he asustado? ¿Creéis que estoy para atar? Bueno, no sé, yo creo que más que nada, estoy desvelando algo que para la mayoría sigue siendo tabú. Quizás quiera saberlo todo sobre la Muerte, para así dejar de temerla. Observarlo todo desde una posición científica, aséptica. Aunque eso sigue sin aclararme el gran misterio. Mucha gente pone su Fe en el más allá. Creen en una vida posterior a la terrenal, rezan y viven de manera especial para ganarse la entrada al otro lado. Yo no creo en ninguna religión organizada, pero no puedo negar la parte de magia y romanticismo que tiene algo como la vida y la muerte. Como una cosa, un cuerpo, un árbol, pasa a ser otra cosa. Como, aunque ya te hayas ido, sigues formando parte de todo. A veces esa idea me hace llorar. Pero por lo bonito que es, por como llega a reconfortarme la idea de no desaparecer del todo, de seguir formando parte de algo tan increíble como la tierra. 

No puedo entonces, dejar de maravillarme por vidas pasadas, por historias que nunca podré más que admirar en viejos libros. Cada día me sorprendo descubriendo a alguien, algo, que por un momento ayudó a ser al mundo como es hoy, con sus cosas buenas y sus cosas malas. En parte, ayudó a que yo fuera quien soy, a que vosotros fuerais quienes sois. No somos más que cadenas de ADN, respirando y decidiendo nuestro destino cada día. No importa si durante nuestra vida logramos ser reconocidos en algo o no somos más que personas anónimas. Porque cada vida cuenta, y permitidme deciros, que seremos recordados. Quizás no sabrán nuestros nombres, al igual que yo no sé los nombres de mis antepasados o los del vecino, pero les agradezco profundamente y de corazón, que hayan existido. Si no, yo no estaría aquí, ni vosotros tampoco. 

La Muerte es un viaje sorpresa a lo desconocido. Y además, todos lo tenemos reservado. Supongo que la cuestión radica en tomárselo como una última aventura. 

viernes, 13 de julio de 2012

El lado oscuro

Por supuesto, esa mal llamada crisis nos llevó a la guerra. Unos la calificaron como la II Guerra Civil, otros como Terrorismo, otros simplemente siguieron con la tónica de usar eufemismos y ocultar la verdad. Lo que fué llamado por el Gobierno como "un ataque insignificante de rebeldes independentistas antisistema" significó lo que ellos más querían. España se rompió. Los poderosos contra los humildes, el capitalismo puro y duro contra un conglomerado de ideas más o menos utópicas, antisistemas, comunistas, anarquistas y demás. Tanques contra piedras. La lucha en sí no duró mucho. Los mineros de Asturias fueron los que más aguantaron. En Madrid y Barcelona, algunos generales se pasaron al Ejército del 15M, mientras que espías del Gobierno se hacían pasar por perroflautas.

Ante la visión de una revuelta propagada por todo el continente y ante el miedo de perder más dinero, Europa expulsó a España de la Unión Europea y del Euro. Todas las fronteras fueron cerradas a cal y canto. No solo España quedó asilada, Portugal también. Las protestas y disturbios llegaron con celeridad a Lisboa y el Gobierno español, en un ataque sorpresa, tomó el control del gobierno luso. Ningún país alzó la voz en contra, nos habían abandonado a nuestra suerte, condenados al ostracismo, pensaban que aislándonos, el terror no llegaría a sus puertas. Altos muros de hormigón separaban la frontera natural con Francia. Ceuta y Melilla fueron invadidas y anexionadas por Marruecos en un ataque relámpago que acabó con toda la población española. Las islas Baleares fueron tomadas por Alemania, aunque una pequeña base rebelde se escondía (o malvivía) en algún lugar de Formentera. Las Canarias corrieron una suerte dispar. Mientras los rebeldes se libraron de toda fuerza gubernamental y pidieron reconocimiento internacional, se les fué denegado y un bloqueo similar al de Cuba causó una hambruna que acabó con la mitad de la población. 

El caos había llegado para quedarse. Se instauró el español como lengua única y los medios de comunicación fueron controlados por el Gobierno. Internet se capó y manipuló. La radio también. Todo transmitía la misma señal retrógrada en bucle. El NO-DO a su lado parecía una parodia. La Iglesia se hizo aún más fuerte, ya que secretamente subvencionaba al Gobierno. La gasolina se agotó al poco tiempo. Sólo el Gobierno mantenía una reserva que utillizaba en casos especiales y batallas. Pero el tiempo de las grandes batallas había pasado y mantenían el orden con miedo y armas de fuego. De eso tenían a raudales. Los primeros meses fueron los peores. Aquello parecía la Revolución Francesa pero con tanques y cocktails molotov en vez de guillotinas. El Ejército del 15M sufrió una lucha por el poder interno y eso les dividió. Parece ser que ése es el punto flaco de la izquierda, a la hora de la verdad, cada uno barre para casa en vez de unirse contra un mal mayor. La cuestión es que ahora que se ha calmado todo un poco, solo quedan pequeños comandos rebeldes sin recursos que se dedican más a fantasear que a luchar. Nadie les culpa. La mayoría han perdido amigos, familia, alguna extremidad o simplemente no tienen qué comer. 

La Familia Real salió por piernas en cuanto vió la muchedumbre a las puertas de la Zarzuela, ahora viven plácidamente en Arabia Saudí, ese país amigo.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Brote 07: La vieja de REC

Abro los ojos. Es negra noche. No veo . Enciendo la luz. Miro el reloj. Teemu no está. Me he quedado traspuesta un par de horas, por lo que parece. Cojo el móvil, le llamo. No hay señal. Miro por la ventana. Todo sigue igual. Ni rastro de vida humana y un silencio sepulcral. Ya está bien de esperar como una idiota, aquí no hay nadie. Agarro mi abrigo y decido subir a la terraza de mi edificio, por si puedo ver algo nuevo desde allí arriba. Me he puesto las botas de nieve y en el último momento agarro el stick de floorball de Teemu, para darme algo más de valor. Salgo de casa, la luz del descansillo se enciende automáticamente. La puerta de Vecina Siniestra está abierta. Me acojono, pero asomo la nariz al recibidor. Estoy a punto de preguntar ¿hay alguien aquí?, pero sólo imaginar que alguien o algo me contesta, me pone los pelos como escarpias. Si nadie me dice lo contrario, diría que toda esta paranoia empezó en esta casa. Así que decido entrar, muy poquito a poco, con el stick agarrado a dos manos. Pronto no veo nada, así que decido sacar mi móvil del bolsillo e ir alumbrando por donde ando. Llego a lo que parece la sala de estar, con el corazón desbocado por el miedo, los nervios y una imaginación que no para de recordarme sustos de películas de terror. La sala en sí no es muy grande, está abarrotada de trastos que no puedo discernir ya que no veo más allá de tres pasos. Pero aquí huele a pis de gato en conserva, por lo menos. Me acerco un poco más a lo que parece el centro de la habitación y entonces la escena me recuerda a mi último viaje a Madrid. Todo tipo de basura, cacharros, muebles, ropa, juguetes, electrodomésticos varios se reúnen del suelo al techo, abarrotando el cuarto y haciendo que prácticamente no pueda andar más. Espero que no haya un hombre inmóvil sentado en una silla entre la mierda. Esto es Diógenes en estado puro. Giro sobre mí misma para ver el resto de la habitación y descubro el marco de lo que parece una puerta. Es imposible llegar hasta allí, kilos y kilos de mierda se interponen en el camino. ¿Y si todo esto no es más que una epidemia de rabia? ¿Y si entre toda esta bacanal de basura, una rata o un gato mordió a Vecina Siniestra y marido y han aislado la zona por precaución? Pero si ha habido un protocolo de evacuación, ¿por qué yo no me he enterado de nada, si vivo al lado de la Zona Cero? Y de repente oigo un golpe. Agarro mi stick y lo alzo. Escucho atentamente. Lo oigo otra vez. Parece como si alguien estuviera arrastrando los pies... Levanto el móvil y enfoco la débil luz de la pantalla al marco de la puerta. Se mueve. Otra vez me viene Madrid a la cabeza, donde la vieja de Rec casi sale por una puerta muy similar a ésta. Yo me largo de aquí. Tropiezo un par de veces y salgo al descansillo. Cierro la puerta de Vecina Siniestra. Entro en mi casa. Estoy chorreando sudor por todas partes, llevo agarrado el stick con tanta fuerza, que me he clavado las uñas y ni me he dado cuenta. Respiro tan rápido que voy a hiperventilar. 

Tanto rollo y al final no he subido al tejado.

martes, 8 de mayo de 2012

Oblivion

Caos. Vacío. Agujero. Nada. Frustración, soledad, individualismo. La Nada se come a Fantasía. No sé si es peor el Negro Absoluto o el Blanco Infinito. Algunas veces, al caminar entre la niebla, sin poder ver ni a mi misma, me he aterrorizado. Silencio y niebla blanca. No ves el suelo, no ves el cielo, no ves. Caes en un limbo lácteo donde no sabes si vas o vienes. ¿Y qué es peor que la ignorancia? El olvido. Somos quienes somos porque recordamos quienes hemos sido. ¿Cómo seguir siendo nosotros si ya no sabemos quienes somos? El Olvido, la Nada, la Niebla. Qué horror, desvanecerse poco a poco entre la nada... Que te engulla el vacío lentamente, como en un cuento gótico. Sentir que desapareces, que desfalleces, que entras en el Oblivion...


viernes, 27 de abril de 2012

Brote 06: Miedo

Ya está, ya es oficial. Teemu está desaparecido en combate. Debería haber vuelto hace hora y media. Ya es negra, negra noche y solo son las siete y media de la tarde. La temperatura ha bajado a -16ºC y está nevando con fuerza. Después de descubrir que internet no funciona, he decidido llamar a todos mis contactos finlandeses, con resultado nefasto. No hay señal. Por supuesto he llamado a casa, pero no hay señal de ningún tipo. Así que estoy prácticamente incomunicada. Por suerte, la electricidad y el agua corriente siguen funcionando. He intentado pensar en otra cosa y he revisado mi compra. Comida para un par de días y poco más. Me he puesto a limpiar la leche y el vinagre que se había desparramado por el recibidor. Me he puesto a fregar como si no hubiera un mañana. He seguido revisando el estado de la comisaría cada quince minutos. El único cambio destacable es que los pequeños fuegos de entre las ruinas han ido apagándose conforme iba nevando. He pensado en explorar mi edificio, buscar ayuda, verificar si estoy sola de verdad. Pero estoy demasiado asustada como para salir de la habitación, por no mencionar salir al exterior. Me he planteado ir en busca de Teemu, pero el miedo y el atardecer no me han dejado. Al menos las farolas siguen funcionando.

Después de fregar, me he dado cuenta de que apestaba a pepinillo rancio, así que me he dado una ducha. Me ha calmado un poco, he hecho más café y me he sentado a esperar. Gracias a Dios que aquí beben café americano o a estas horas ya estaría bailando el baile de San Vito. Sigo esperando. Y no sé muy bien qué esperar. ¿Estará bien? ¿Por qué no ha vuelto? ¿Qué tiene que ver una Vecina Siniestra, una tienda vacía y la explosión de una comisaría? ¿Hay algún tipo de prueba atómica en la ciudad y no me he enterado? ¿Los marcianos han venío? ¿Por qué no hay ni rastro de vida humana? Nadie en las calles, nadie en los edificios vecinos... ¿Dónde está todo el mundo? ¿Dónde está Teemu? Sólo tengo preguntas y más preguntas. Siempre he pensado que soy muy valiente y aquí estoy, arremolinada en un sofá, en vez de salir en busca de mi novio. Eso es lo que hacen en las películas, ¿no? Soy una cobarde.

El silencio me está matando. Puedo oírme pensar. Hasta escucho el latido de mi corazón en dolby surround. Me he puesto a leer una guía de supervivencia que cogí prestada en la biblioteca hace un par de semanas. Llevaba tiempo queriendo acampar en el bosque, incluso tenemos apalabrada una ruta en verano con unos amigos de Teemu. Así que llevo bastante tiempo intentando recopilar información básica sobre supervivencia en la naturaleza. Más que nada porque no quiero acabar como Alexander Supertramp. Mientras leía, me he dado cuenta de que quizá tenga que emprender una ruta salvaje antes de lo que planeaba. No quiero emparanoiarme (como si no lo estuviera, a estas alturas) pero si estoy sola en medio de Finlandia, no quiero quedarme aquí congelada. Además tengo que saber si Teemu está bien, tengo que encontrarle. Dios, aún espero que entre por esa puerta, despertándome de un mal sueño.

sábado, 21 de abril de 2012

Melancolía

Melancolía, te has pegado a mí con aprecio. Casi puedo tocarte, de lo cerca que te tengo. Aprietas la boca de mi estómago, provocándome nudos en mi seca garganta. 

Querida melancolía, compañera que me acompaña a cada paso. Puedo sentirte, incluso verte, cuando nadie más lo hace. Me paralizas, me retienes, susurras al oído que nadie me cuidará mejor. Te odio. A la vez me pregunto si sin tí, seguiría siendo yo misma. Si te arranco de mi, ¿seguiré siendo yo? Cómo decidirlo, si siempre has estado conmigo. 

Deseo que te alejes, que veas a otra gente, que desoprimas mi pecho y que me dejes dormir. Ya estoy harta de que no me dejes descansar, de tenerte cada noche metida en la cama, moviéndote de lado a lado, quitándome la manta, hablando y sin dejar de hacer preguntas a mi mente exhausta. 
Querida y odiada melancolía, compañera de viaje, búscate a otra, ya no te quiero cerca, no te necesito, deja de insinuarte susurrante en mi oído. Nada que me ofrezcas puede hacerme feliz. Me haces sentir miserable. Y estoy cansada de darme pena a mi misma. Harta de forzar sonrisas, herida de fingir alegría, ofuscada por tu abrazo negro, ni siquiera me dejas apreciar mi propio valor. Y a eso lo llamo una relación tóxica. 

Lo sé, lo sé. Hemos tenido ésta conversación antes, millones de veces. Has recogido tus bártulos y has esperado en el rellano a que mi convicción se desvaneciera. No me mires con esa cara de soberbia. Compañera, ya no quiero jugar más. Me he cansado de tus juegos. Tu abrazo ya no me llena, por fin he visto que merezco algo más. 

Deberíamos ver a otra gente. Sin compromiso. Y ahora, por favor, vete ya.

viernes, 13 de abril de 2012

Brote 05: Buuuuuum.

Entro en mi piso con el corazón entre los dientes, me tropiezo con una zapatilla en el recibidor y me caigo de morros contra el suelo. Las bolsas de la compra caen a mi lado, volcando su contenido. ¿Estoy herida? ¿Me han disparado? ¿Qué ha sido esa explosión? De repente, noto que mi costado derecho está mojado. Ya está. Me han dado. Me muero. Imagino en un momento mi propia agonía, veo mi vida pasar ante mis ojos en pequeñas diapositivas de una de esas maquinitas de juguete. Mira que morirme en Finlandia, con lo lejos que queda. Y sola. Y aquí tirada, con la leche desparramada por el recibidor y olor a vinagre que tira para atrás. Espera... ¿Pepinillos? La gente dice que huele a flores cuando se pasa al otro barrio, pero ¿oler a pepinillos en vinagre...? ¿No será que...? Miro mi lado derecho y compruebo que estoy remojada en vinagre de conserva. No hay dolor. No estoy herida. Y cuando ya estoy levantándome e intentando recuperar un poco de dignidad después de mi vuelta a la vida, mi edificio tiembla y algo explota tan fuerte y tan cerca que mis dientes chirrían. Corro hacia la ventana de la cocina. Una ola de polvo, escombros y humo corre calle abajo. No veo nada. Aquí las ventanas suelen ser dobles, a veces incluso triples para aislar el frío. La explosión ha resquebrajado mi  ventana exterior. Miro calle arriba. La estación de policía ha desaparecido. ALUCINO. ¿Qué ha pasado? Llamo a Teemu. Esto ya es demasiado. Apagado. ¿Estará bien? ¿Por qué no están aquí ya los bomberos? Miro a los demás edificios, buscando a gente, a vecinos, a alguien que se asome a las ventanas. ¿Por qué no hay nadie? Ni siquiera se escuchan ruidos en mi bloque. Silencio total. Solo mi respiración y el tintineo de mi pierna arriba y abajo, atacada perdida.

 ¡¿Qué coño está pasando aquí?! ¿Terroristas? ¿Los rusos? ¿Un accidente sin más? Pero ¿por qué no viene nadie, ningún equipo de rescate? El edificio derrumbado, además de la comisaría de policía, tenía cinco plantas llenas de oficinas públicas, que a esta hora aún estarían abiertas. Así que debe haber muuucha gente atrapada, sino muerta. La base del ejército no está lejos, ya deberían haber llegado. Mierda. Joder. Un pequeño incendio se ha levantado de entre los escombros. Toda la estampa no deja de recordarme como quedó el World Trade Center. Un pequeño gusano en mi cabeza me dice que debería acercarme a ayudar, llamar a alguien, hacer algo. Pero un pajarraco que vive al lado opuesto me dice que ni se me ocurra salir del piso. Vuelvo a llamar a Teemu. Nada. Enciendo la tele. No hay señal. Me vuelvo loca apretando botones hasta llegar al último canal y dar la vuelta. NA-DA. Vivo al lado de la montaña que tiene dos antenacas enormes que reciben tele, radio y demás y no tengo señal. Esto ya es de película dominguera de Antena 3. Pongo la radio. Zumbido. Cambio de emisora. Zumbido. Cambio de emisora. Zumbido. Cambio de onda. Zumbido. No puede ser. Zumbido, zumbido y más zumbido. Por un momento me acojono pensando en cambiar de emisora y escuchar a Orson Welles y su Guerra de los Mundos. Me agobio. Dejo la radio y conecto el ordenador. Esto sí que no puede fallar. Pero falla. Apago el router. Enciendo el router. Nasti. Internet ha caído.

Oh dear, al final va a resultar que esto sí que es el fin del mundo.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Brote 04: Provisiones

Abro los ojos. Me he quedado frita en el sofá con los apuntes de clase en el regazo. Miro el reloj. Las doce y pico del mediodía. Me desperezo y decido que ya está bien de holgazanear. Me quito el pijama, me pongo algo de ropa calentita y vuelvo a hacer café. Abro la nevera para saber qué tengo que comprar. Hoy es dia de súper. Y de repente, oigo una vocecita interior que me dice "compra provisiones". ¿Provisiones? ¿Para qué coño necesito provisio...? JODER. Ahora me viene todo a la cabeza de nuevo. Por un momento pienso si no habrá sido todo un sueño. Me lanzo a la ventana. Ni sangre, ni Vecina Siniestra ni nada de nada. A ver si resulta que lo he soñado... Uhm. Seguro que lo he soñado, vaya, ni que esto fuera The walking dead. Total, que me pongo a hacer la lista de la compra, cojo un par de bolsas de plástico, las meto en mi mochila y salgo a la calle.

Hoy casi casi no hay nubes. Ni mucho viento. Pero la nieve, arrinconada en las calles, sigue estando al nivel de mi cintura. El súper del barrio no me queda lejos, a menos de cinco minutos de casa. Antes de entrar, me fijo en un helicóptero que pasa cerca del centro de la ciudad. Parece militar. En Lahti hay una base del ejército, por lo que siempre puedes ver a chavales que están haciendo la mili arriba y abajo. Los primeros días se me hacía raro ver a tanta gente de uniforme por la calle, pero ya me he acostumbrado.

Estoy en la caja. Aquí no hay nadie. No es que sea algo raro, aquí las cajeras siempre están reponiendo o haciendo vete tú a saber qué en el almacén. Pero esta vez, la chica está tardando lo suyo. Y me pone incómoda. Quiero decir, nunca he sabido muy bien si lo hacen adrede para ver si alguien se hiría sin pagar o qué. Toso falsamente, para ver si alguien viene a atenderme. Pero después de estar como unos diez minutos de pie haciendo todo tipo de ruidos, me planteo seriamente que estoy sola en la tienda. Un cosquilleo recorre mi espalda de golpe. Miro a todas partes, no vaya a ser una broma de cámara oculta. Pero no. Por un momento, pienso en irme sin pagar, pero me da cosa. Al fin y al cabo, aún no soy residente oficial en el país y no quiero que por algo así me deporten. Así que cojo un boli y un trozo de factura olvidada y escribo que me llevo comida sin pagar porque aquí no había nadie para cobrarme. Suena mal, en inglés suena peor, pero es todo lo que se me ocurre. Paso de volver más tarde, ahora que lo tengo todo aquí, y para qué engañarnos, la idea de llevármelo por la cara, me tienta un poquitín. Lo empaqueto todo, vuelvo a mirar que no haya nadie en la tienda y me voy. Nada más salir de la tienda, me doy cuenta de que tampoco hay nadie por la calle. Sigo andando, cargada como una mula, me giro cada dos por tres para ver si alguien me persigue. La paranoia no me deja ver que tampoco circula ningún vehículo. Y eso sí que es muy raro. Cuando me quedan unos cinco metros para llegar a mi portería, el suelo tiembla, suena una explosión y caigo de rodillas. Me cago viva. ¿Me han disparado? Sin pensar, me pongo de pie de un salto y corro hacía mi portería. No miro atrás. No tengo valor. Subo las escaleras, tropezando un par de veces con las bolsas que llevo en las manos. Entro en casa.

domingo, 11 de marzo de 2012

Brote 03: Para

Pensaba que se trataba de un caso de violencia doméstica. O de algún hippie colgao. Asocié, en un primer momento, el PUM con un tiro, y más al ver el agujero en Vecina Siniestra. El tipo dispara a su mujer y se hace a la calle, loco perdido. La mujer, milagrosamente no muere en el acto y sale a buscar ayuda. Yo le cierro la puerta en los morros y ella, en la calle, se acerca a una patrulla para pedir ayuda. Un policía la mata sin razón aparente. El poli se larga y sus compañeros intentan darle caza. Eso es lo que ha pasado. Pero hay algo que no me cuadra. Enciendo la tele, busco en internet alguna noticia, algo que me tranquilice un poco. Pero no encuentro nada. Tampoco me extraña, no ha pasado ni una hora desde que vi a mi vecino en la calle. Hago más café. Mi pierna derecha se mueve de arriba a abajo, inquieta, mientras me quedo empanada mirando a la pared, sentada en la mesa de la cocina. Vuelvo a llamar a Teemu. Apagado. ¿Tendría que ir a buscarle? O mejor me quedo aquí, que fuera hace mucho frío. Joder, es que según la Guía de Supervivencia Zombi, esto podría tratarse de un Brote de Clase 1. Y algo hace click. Han matado a una mujer. HUMANA. No a un monstruo de serie B. Esa pobre mujer sigue muerta y tirada en la nieve, no se va a levantar de entre los muertos ni nada por el estilo...¿verdad? Me levanto y me dirijo a la ventana. Vecina Siniestra NO ESTÁ. ¡NO ESTÁ EN SU SITIO!

Mierda. Mi cerebro desbocado ya imagina hecatombes, gules y cazavampiros, mientras me empieza a correr un sudor frío por la espalda. El poco cerebro racional que me queda me dice que me calme, que el cuerpo no está ahí porque ya lo han retirado. Pero no hay rastro de ningún vehículo oficial, ni nada por el estilo. Para. Párate a pensar de verdad. Que con la mente imaginativa y fresca que tengo, solo falta que me lo pongan a huevo. Aléjate de la ventana y concéntrate en tus cosas. Esto no va contigo. Será un capítulo de sucesos en las noticias y nada más. Ni zombis, ni pollas. Así que intento no darle más vueltas, corro las cortinas, me tomo otra taza de café y me pongo a repasar vocabulario finlandés.

sábado, 10 de marzo de 2012

Brote 02: Pistolas

La nieve ejerce de potente reflectante. Aunque haya poca luz, puedes ver más o menos bien. Y ahora, con esta luz mañanera desperezándose, toda la calle parece fluorescente. Excepto la sangre. Un líquido granate, oscuro, que se hunde en la nieve acumulada. El hombre no tendrá más de treinta años. Parece desorientado. De su brazo izquierdo van cayendo gotas de sangre, a un ritmo regular. Cruza la calle sin pararse a mirar. Un tractor quitanieve se para en seco para dejarle pasar. Él sigue andando, como si nada. Algunas mujeres que andaban por la calle se han parado al verle y una de ellas está llamando a alguien por teléfono. Otra se acerca al hombre y parece que le dice algo. Él se para y mira a la mujer. Y entonces, como en una peli de Romero, se le tira al cuello. Yo pego tal bote que me derramo el café por encima y casi ni lo noto. ¡Ostias! Voy a por una bayeta, ya que el parquet no puede mojarse. Levanto la vista de nuevo hacia la ventana y joder, hay un rastro de sangre que se aleja y nada más. La puerta del tractor está abierta y no hay nadie dentro. Las mujeres han desaparecido y el hombre ensangrentado también. Sólo queda un rastro irregular de sangre en la nieve que se pierde detrás de una esquina. Me froto los ojos. Estoy flipando. O soñando. Miro el reloj. Las nueve de la mañana. Demasiado pronto para el rock'n'roll. Vuelvo a mirar a la calle. Mismo reguero de sangre. ¿Qué hago? ¿Hago algo? ¿Llamo a la policía? La comisaría está en mi misma calle, dos números más arriba. Vuelvo a oir ruidos en el piso de al lado. Presto atención. Alguien está pegando gritos. Una mujer. Ahora golpea las paredes. Oigo como abre la puerta de su casa, que está pegada a la mía. Corro hacia la puerta y hago el gesto inconsciente de mirar por la mirilla. Pero aquí las mirillas no están de moda. ¡Jodidos finlandeses! ¿Y ahora qué? ¿Abro la puerta para saciar mi curiosidad mórbida? ¿No la abro por miedo a que una lunática me arranque la carótida? Pero qué colgada soy. Qué lunática ni qué carótida ni qué niña muerta. Ni que esto fuera el Apocalipsis Z. Seguramente, esa mujer, mi vecina al fin y al cabo, necesita ayuda de algún tipo. Así que abro la puerta. Hacia fuera, como todas las puertas en Finlandia. Raro, ¿verdad? La abro poquito a poco, mirando a ver si veo algo. La luz de la escalera está encendida y mi vecina está de espaldas a mi. Tiene un agujero del tamaño de una canica a la altura del pulmón izquierdo. Sé poco de medicina, pero diría que con una herida así, nadie podría mantenerse de pie. Así que cagada de miedo, decido cerrar la puerta, intentando no hacer ruido. Pero ella se gira. Y me mira. Y me quedo tiesa. Tiene una mirada vacía, ojos secos, sin luz. Reacciono. Cierro la puerta. Me aparto de la puerta como si diera corriente. Oigo como Vecina Siniestra baja las escaleras y ahí la pierdo, ya está demasiado lejos como para escuchar nada. Me caigo de culo. No me lo puedo creer. ¿Qué está pasando? Llamo a Teemu. Apagado. Mierda. No sale de clase hasta las seis de la tarde. Me asomo a la ventana. Vecina Siniestra está cruzando la calle. Hay una patrulla de policía unos metros más allá, justo al lado del rastro de sangre. Hoy estamos a -9ºC pero Vecina Siniestra va en pijama de verano y descalza. Debe tener los pezones como para cortar diamante. La pareja de polis le dan el alto. Ella no reacciona y sigue andando hacia ellos. Uno se pone la mano en la pistola, el otro se acerca a ella. Parece ser que se han dado cuenta de que está herida y el Pistolas relaja el gesto. De repente, Pistolas saca su arma y apunta a Siniestra y sin más, le pega dos tiros a bocajarro. Los disparos resuenan como si fueran bombas. Ella cae de espaldas, como un saco. Un charquito minúsculo de sangre aparece bajo ella. Pistolas sale corriendo, mientras su compañero comunica algo por radio y sale detrás de él, tratando de pararle. Estoy temblando. Vaya movida. De comisaría salen un par de furgones, con las sirenas a todo trapo, y desaparecen calle abajo. Me he quedado alelada. Aquí está pasando algo muy gordo.

jueves, 26 de enero de 2012

Brote 01: Flipando

No es que me haya levantado más pronto de lo habitual, es que aquí en invierno casi siempre está nublado y se vive en penumbra constante. Así que ni me he dado cuenta de que las farolas de mi calle ya estaban apagadas. Estoy sola en casa, mi chico se ha ido a la universidad hace un rato. Como siempre, con esta pereza mía que me acompaña siempre al levantarme, me he puesto a hacer café y preparar algo de comer. Arrastrando el pijama que tanto disgusta a mi novio (pijama de abuela, le llama), me acerco al portátil para seguir con mi lucha diaria, intentar encontrar curro sin hablar finlandés. He empezado un curso para inmigrantes, pero es lento y tedioso. En este piso diminuto echo de menos mi habitación en casa de mis padres. Llena de mis cosas. Mis libros frikis, mi colección de música, mis figuras de coleccionista que tanto me había costado encontrar por internet... Aquí todo es aséptico y ordenado. Todo tiene una función. Sin espacio para el placer por el placer, para la diversión, para el bel far niente o la dolce vita. No me extraña que la afición nacional sea empinar el codo. Total, que mientras reviso mi correo, oigo un golpe en el piso de al lado. Un golpe seco, como un pum. Y después algo cae al suelo. No le doy más importancia hasta que veo aparecer, desde mi ventana, a un hombre ensangrentado en medio de mi calle.