domingo, 31 de marzo de 2013

Brote 26: Up in the Air

Eli dejó apoyada su muleta en la barra del bar y puso su mano en el hombro de Sara. Sabía por lo que había pasado. Los demás los miraban con una mezcla de incredulidad y terror. Mientras tanto, a miles de metros por encima de sus cabezas, los aviones empezaban a caer del cielo sin que nadie pudiera hacer nada para evitarlo. El aeropuerto de Barcelona estaba a unos treinta kilómetros de Badalona y cientos de aviones comerciales de todo el mundo sobrevolaban la zona a diario.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Brote 25: La maldición de la momia

En estos últimos días, las cosas han cambiado mucho. Mis manos están prácticamente operativas. Llevo siempre unos guantes finitos blancos, como de mimo, porque ahora mis manos son muy sensibles a cualquier cosa y la piel aún es frágil. Siento más el frío y el calor en ellas y su color ha cambiado, me temo que para siempre. Me pongo cremas mil veces al día y ya no me duelen. He dejado los antibióticos y el pie parece responder bien, excepto esas puntas negras que me recuerdan al pie de una momia egipcia calcinada. He tenido pesadillas sobre como la gangrena se hacía dueña de mi cuerpo y poco a poco me convertía en un ser  horrendo, negro como el carbón, pútrido y enmohecido, disecado por dentro. Puedo caminar de una manera que recordaría a Chiquito, apoyando el talón derecho lo justo y necesario para no tener que ir a la pata coja. No es que me duela, es que temo apoyar más y caerme, que mi pie no aguante mi peso, romperme algo y empeorar las cosas. En definitiva, tengo miedo.

lunes, 25 de marzo de 2013

Brote 24: Descubrimientos

El metro estaba extrañamente vacío. Eli arrastraba su muleta cubierta de sangre. Andaba decidida pero en un estado semicatatónico, con la mirada perdida. Empapada de una mezcla de agua, orín, sangre y fluidos varios, se montó en el vagón. El convoy transportaba a un par de señoras mayores adormiladas a un par de metros de donde Eli se sentó. Vió su reflejo en el cristal de la ventana de enfrente. Delgada, de piel pálida, con sus ojos negros grandes y perdidos. Se miró fijamente. Vomitó.

viernes, 22 de marzo de 2013

Brote 23: Quemaduras

Orimattila permanecía en silencio, oscura, tranquilamente impasible al paso del tiempo y a la nieve que la colmaba. No muy diferente a como se la veía en condiciones normales. Cuando llegamos a casa de los padres de Teemu yo estaba al borde de la inconsciencia. Bea me llevaba a rastras, portando mi equipo y animándome a cada paso, intentado no desfallecer ella misma. Las luces de la casa estaban apagadas y la puerta principal cerrada. Le señalé como pude a Bea que siempre guardaban una llave extra en el garaje. La encontró y abrió la puerta. Me desmayé.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Brote 22: Punto de encuentro

La piel alrededor de su ceja estaba seca, tirante, áspera. Los puntos le picaban, estaban secos, al día siguiente debía ir a que se los quitaran. Otra cicatriz más, pensó Javi. Acabó de colgar el cuadro y se alejó para mirarlo. La verdad es que Els Genis estaba quedando como nuevo. Lara se acercó con un par de cervezas frías, se merecían un descanso. Le había confesado a Javi la situación en Rusia y algunas novedades esperanzadoras, como que Vicenç había abandonado su ciudad (no sin peligro) y llegado a Moscú. Desde allí, sólo estaba a unas horas de vuelo hasta Barcelona. Lara sonreía. Nada mejor que una fiesta de bienvenida en Els Genis para Vicenç.

martes, 12 de marzo de 2013

Brote 21: Instantes

Hoy Sara ha ido como suplente de monitora de comedor a una escuela primaria. La misma donde ella estudió de pequeñita y donde conoció a muchos de sus amigos actuales. No era un curro que la apasionase, pero últimamente todo el mundo parecía enfermo y ella tenía que pagar el alquiler. Llevaba un par de meses mustia y pensaba en dar un cambio radical a su vida. Quería ver mundo, desconectar, recuperar energías. Pero allí estaba, rodeada de... wait a second. ¿Dónde están los niños? El comedor estaba vacío, ni niños ni monitores. Las mesas estaban llenas de menús infantiles intactos y todo estaba en orden excepto por un par de sillas tiradas por el suelo, cercanas a la puerta de la cocina. Qué raro todo. ¿Habían hecho un simulacro o qué? Sólo llegaba diez minutos tarde... De repente, un ruido metálico salió de la cocina. Entró. Algunas cacerolas gigantes seguían al fuego. Un cucharón de sopa rodaba por el suelo. Y allí estaban. Una masa de unos treinta niños mascaban algo agazapados en el suelo, en grupo.
-Què feu aquí al terra?- Preguntó Sara. 
Cuando los niños se giraron a observarla, con sus pequeñas batas ensangrentadas, sus ojos en blanco y con trozos de cocinera y monitores esparcidos aquí y allá, Sara reprimió un grito.

Brote 20: Una libra de carne

Aunque el recuento oficial de asistentes a la manifestación de Barcelona variase totalmente según a quién preguntases, en algo estaban de acuerdo: 127 muertos y más de 800 heridos de diversa gravedad. Entre ellos; Javi, con una ceja rota y una pequeña conmoción cerebral a causa de un porrazo, Judith, con un pelotazo en los riñones que le hizo mear sangre durante unos días, Sara y Lara con diversas torceduras, esguinces en un par de dedos y magulladuras generales. La mejor parada fue Eli, quien sólo recibió unos cuantos golpes y pudo ayudar a sus amigos a salir de aquél infierno y recuperarse.

Podía palparse la estupefacción, el shock, la tensión, el miedo en las calles. Aquello había sido muy gordo. Y no auguraba nada bueno. Nada. Ellos, la Manada, el Matriarcado, habían estado allí. Esa experiencia les había afectado, les había cambiado. Una cosa era teorizar sobre la revolución, llenarse la boca en charlas de bar con la idea de una lucha armada contra un sistema injusto y corrupto. Otra cosa era ser carne de cañón. Aunque nunca lo hablaron abiertamente, cada uno de ellos, inconscientemente, decidió adoptar un perfil bajo hasta que las cosas se calmaran un poco. Eli ocupaba su tiempo con las prácticas de la universidad, Judith y Sara trabajaban y Javi, que estaba en paro, ayudaba a pintar y redecorar Els Genis, el bar que regentaba Lara. 

***

viernes, 8 de marzo de 2013

Brote 19: Lo dejo todo... pero dime ven.

Estoy en Orimattila. No sé cómo pretendo salir del país, si llegar hasta aquí casi me cuesta un par de dedos.

No pudimos enviar ninguna señal desde las dos torres, ni siquiera llegamos a entrar en ellas, ya que huímos como ratas de los zombis del cementerio. Paso de llamarles infectados, bicharracos, monstruos o enfermos, no sé qué les pasa, ni por qué, pero están muertos y caminan, así que para mi son zombis de manual. No voy a esperar a que nadie me explique que si les doy en la cabeza se están quietos, ya lo sé, he visto treinta mil películas y he leído unos cuantos libros y La Del Peto es buena prueba de ello. No tengo remordimientos, han dejado de ser personas. O tú o yo. O tú o tú. Si hay que reventar cabezas, se revientan. En fin, que corrimos despavoridas hacia el Porompompero y nos metimos de cabeza en él. Por suerte, lo habíamos cargado la noche anterior, así que arrancamos y nos dirigimos hacia Orimattila.