domingo, 13 de febrero de 2011

So here I am

Justo donde quería. Viviendo en otro país, con gente nueva, nuevos paisajes, olores, costumbres, sabores... Estoy bien acostumbrándome a ello. Ahora no puedo imaginar una vida en España. Sólo volvería por una razón. Y no va a ocurrir. Así que no sé si prefiero quedarme aquí. Aquí o en otro lugar, empezando de nuevo, siempre siendo yo misma pero a la vez reinventándome, aprendiendo, yendo de un lugar a otro, sin un hogar fijo, sólo vagando y descubriendo un mundo que cada vez me parece más grande y especial. Porque de eso se trata, así quiero que sea mi vida. Nunca dejar que la rutina me atrape. Siempre soñando con nuevas aventuras. Siempre con un objetivo, siempre con algo en mente, siempre queriendo más, más y más. Lo más difícil todavía. Llamadme soñadora. 

El cielo es el límite, aunque ahora mismo siento que puedo volar.

¡Hasta mañana!

domingo, 6 de febrero de 2011

claro de luna

Cuando he mirado al cielo negro te he sentido aquí. Bajo esta cúpula de luces chispeantes, con esa Luna pintada con afilada precisión sobre una cartulina oscura. Me ha parecido oir pasos en la nieve y me he parado en medio del bosque. Quería pensar que era el perro del vecino, pero un escalofrío en la parte baja de la espalda me ha hecho imaginar que eras tú, saliendo de entre los árboles. Y no me he girado para mirar. Porque no quería romper esa ilusión, quería seguir notándote aquí. Y he seguido mirando estrellas, pasando de una constelación a otra, como si estuviera recorriendo tu cuerpo con mi mirada, repasando hasta el último detalle de tu anatomía. Buscando recovecos entre espacios, rememorando tus huecos, pintando tu cuerpo en una noche estrellada. El ligero viento del norte se ha desperezado mientras tanto y ha rozado mis mejillas sonrojadas por el frío. Mi aliento vaporizado se ha escapado de mi boca al compás de mi calmada respiración. No suena música como en las películas, pero éste es un gran momento. Y la vida no está hecha si no de pequeños momentos como éste, en los cuales te das cuenta de que vale la pena vivir, esforzarse, cambiar, probar, jugar, reír, llorar, sufrir e incluso morir. Estoy agradecida. Y no sé muy bien a qué o quién debo estarlo. Pero si hay un dios, un karma, un ente superior o simplemente somos un capricho llámalo del destino o de la conjunción de unos elementos químicos, si no podemos elegir dónde nacemos ni de quién y sólo somos quienes somos gracias a nuestro alrededor, yo me siento profundamente agradecida por ser quién soy. He visto pasar lo que me ha parecido una estrella fugaz y ni siquiera se me ha ocurrido pedir un deseo. Solo tenia ganas de dar dos pasos hacia atrás, donde te sentia, y que me abrazaras mientras mirábamos hacia arriba. Te meteria tus manos heladas en los bolsillos delanteros de mi chaqueta, tu hundirías tu cabeza en mi pelo despeinado, para luego apoyar tu barbilla en mi cabeza y seguir así un rato. Ha pasado un coche por la carretera desierta. La luz de sus faros ha roto el hechizo. Ya no estás. Me doy cuenta de que apenas siento los dedos. No me he puesto los guantes gordos y ésta noche es realmente fría. Debo volver a entrar en la casa, pero me resisto. Espero unos segundos, escucho atenta entre el silencio, pero no logro encontrarte. Así que me giro, aún con alguna esperanza de que estés justo detrás de mi, y empiezo a recorrer el camino de vuelta con pesados pasos. Y cuando he avanzado unos dos o tres metros, se me ocurre algo, me vuelvo corriendo a donde estaba y hago una foto rápida, como si eso pudiera captar todo lo que he sentido...