martes, 19 de agosto de 2014

Brote 31: Bienvenidos

Una cascada de sangre roja caía por los tres escalones que llevaban al lavabo de Els Genis. Rojo carmín, resbalaba por debajo del quicio de la puerta, al principio rápidamente, con furia, para irse calmando con el pasar del tiempo. Todo el Matriarcado lo había visto. Judith había aporreado la puerta incesantemente, llamando a Tirso, hasta que sus All Star se empaparon de sangre. Desde entonces y con Sara diciendo intermitentemente No queréis entrar ahí, el grupo se había limitado a observar en silencio la cascada sangrienta sin saber muy bien qué hacer. Hasta que, de repente, empezaron a escuchar ruidos que provenían del lavabo. Primero un crujir de huesos, después algo se arrastraba por el suelo, y a los pocos segundos, un gruñido. Y entonces, bam, la puerta estaba siendo aporreada, el pomo movido. El pánico no tardó en propagarse y el Matriarcado se asió a lo que buenamente pudo. Eli agarró su muleta con fuerza, Judith cargó con su bajo al hombro, Sara recogió el pequeño botiquín del local y el cuchillo jamonero con el que llegó a Els Genis, Javi sacó el bate de béisbol de debajo de la barra y Lara... Lara se quedó petrificada. No se creía nada de lo que estaba pasando.

Brote 30: Al final de la escapada

Una fina pátina de sangre congelada cubría el bote de lado a lado. El frío me había calado de nuevo, mis manos no respondían y mi cara luchaba a duras penas para no romperse en mil pedazos contra el viento helado que nos mecía. Sobre el cuerpo de Bea se había ido formando una fina capa de hielo y su piel amoratada resplandecía bajo la tenue luz de la luna. Navegamos en la más desangelada oscuridad, entre una aterradora y silenciosa nada oscura, sin más ayuda que un par de focos que no hacían si no convertirnos en la única señal de vida en el horizonte. Continuamos rumbo sureste, a toda máquina, y finalmente, cuando el alba se desperezaba, tocamos tierra. El paisaje era dantesco. Todo parecía haber sido quemado. Desde el pequeño puerto pesquero donde habíamos atracado hasta las pequeñas colinas que se perdían kilómetros más allá. ¿Dónde estábamos? No tenía ni idea. Nuestros planes consistían en llegar a Estonia, pero algo me decía que no estábamos allí. Demasiadas horas de navegación. ¿Letonia? ¿Lituania? Al menos no era Finlandia, eso seguro.