sábado, 10 de marzo de 2012
Brote 02: Pistolas
La nieve ejerce de potente reflectante. Aunque haya poca luz, puedes ver más o menos bien. Y ahora, con esta luz mañanera desperezándose, toda la calle parece fluorescente. Excepto la sangre. Un líquido granate, oscuro, que se hunde en la nieve acumulada. El hombre no tendrá más de treinta años. Parece desorientado. De su brazo izquierdo van cayendo gotas de sangre, a un ritmo regular. Cruza la calle sin pararse a mirar. Un tractor quitanieve se para en seco para dejarle pasar. Él sigue andando, como si nada. Algunas mujeres que andaban por la calle se han parado al verle y una de ellas está llamando a alguien por teléfono. Otra se acerca al hombre y parece que le dice algo. Él se para y mira a la mujer. Y entonces, como en una peli de Romero, se le tira al cuello. Yo pego tal bote que me derramo el café por encima y casi ni lo noto. ¡Ostias! Voy a por una bayeta, ya que el parquet no puede mojarse. Levanto la vista de nuevo hacia la ventana y joder, hay un rastro de sangre que se aleja y nada más. La puerta del tractor está abierta y no hay nadie dentro. Las mujeres han desaparecido y el hombre ensangrentado también. Sólo queda un rastro irregular de sangre en la nieve que se pierde detrás de una esquina. Me froto los ojos. Estoy flipando. O soñando. Miro el reloj. Las nueve de la mañana. Demasiado pronto para el rock'n'roll. Vuelvo a mirar a la calle. Mismo reguero de sangre. ¿Qué hago? ¿Hago algo? ¿Llamo a la policía? La comisaría está en mi misma calle, dos números más arriba. Vuelvo a oir ruidos en el piso de al lado. Presto atención. Alguien está pegando gritos. Una mujer. Ahora golpea las paredes. Oigo como abre la puerta de su casa, que está pegada a la mía. Corro hacia la puerta y hago el gesto inconsciente de mirar por la mirilla. Pero aquí las mirillas no están de moda. ¡Jodidos finlandeses! ¿Y ahora qué? ¿Abro la puerta para saciar mi curiosidad mórbida? ¿No la abro por miedo a que una lunática me arranque la carótida? Pero qué colgada soy. Qué lunática ni qué carótida ni qué niña muerta. Ni que esto fuera el Apocalipsis Z. Seguramente, esa mujer, mi vecina al fin y al cabo, necesita ayuda de algún tipo. Así que abro la puerta. Hacia fuera, como todas las puertas en Finlandia. Raro, ¿verdad? La abro poquito a poco, mirando a ver si veo algo. La luz de la escalera está encendida y mi vecina está de espaldas a mi. Tiene un agujero del tamaño de una canica a la altura del pulmón izquierdo. Sé poco de medicina, pero diría que con una herida así, nadie podría mantenerse de pie. Así que cagada de miedo, decido cerrar la puerta, intentando no hacer ruido. Pero ella se gira. Y me mira. Y me quedo tiesa. Tiene una mirada vacía, ojos secos, sin luz. Reacciono. Cierro la puerta. Me aparto de la puerta como si diera corriente. Oigo como Vecina Siniestra baja las escaleras y ahí la pierdo, ya está demasiado lejos como para escuchar nada. Me caigo de culo. No me lo puedo creer. ¿Qué está pasando? Llamo a Teemu. Apagado. Mierda. No sale de clase hasta las seis de la tarde. Me asomo a la ventana. Vecina Siniestra está cruzando la calle. Hay una patrulla de policía unos metros más allá, justo al lado del rastro de sangre. Hoy estamos a -9ºC pero Vecina Siniestra va en pijama de verano y descalza. Debe tener los pezones como para cortar diamante. La pareja de polis le dan el alto. Ella no reacciona y sigue andando hacia ellos. Uno se pone la mano en la pistola, el otro se acerca a ella. Parece ser que se han dado cuenta de que está herida y el Pistolas relaja el gesto. De repente, Pistolas saca su arma y apunta a Siniestra y sin más, le pega dos tiros a bocajarro. Los disparos resuenan como si fueran bombas. Ella cae de espaldas, como un saco. Un charquito minúsculo de sangre aparece bajo ella. Pistolas sale corriendo, mientras su compañero comunica algo por radio y sale detrás de él, tratando de pararle. Estoy temblando. Vaya movida. De comisaría salen un par de furgones, con las sirenas a todo trapo, y desaparecen calle abajo. Me he quedado alelada. Aquí está pasando algo muy gordo.
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Merychain estás en Zombie Land, eso en bufalá no ocurre, vecina siniestras sí, Pistolas igual más bien porras, pero lo del agujero en el pecho... El del principio parece ser que se había metido una chuta, pero lo que más me ha impresionao es lo de la bayeta, como has cambiao mare. Oye todo eso es un cuento no? Está muy bien escrito. Me mola. Sigue. Y si es verdad, voy pa allí y te llevo un pack de villedas me quedan 2. Una pa tí y otra pa la comunidad. Qué majos seguro que lo agradecen mucho más que si les llevarás un pastelito. ¿Sabes si tienen parquet? Aquí no hay quien viva.
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