miércoles, 16 de mayo de 2012

Brote 07: La vieja de REC

Abro los ojos. Es negra noche. No veo . Enciendo la luz. Miro el reloj. Teemu no está. Me he quedado traspuesta un par de horas, por lo que parece. Cojo el móvil, le llamo. No hay señal. Miro por la ventana. Todo sigue igual. Ni rastro de vida humana y un silencio sepulcral. Ya está bien de esperar como una idiota, aquí no hay nadie. Agarro mi abrigo y decido subir a la terraza de mi edificio, por si puedo ver algo nuevo desde allí arriba. Me he puesto las botas de nieve y en el último momento agarro el stick de floorball de Teemu, para darme algo más de valor. Salgo de casa, la luz del descansillo se enciende automáticamente. La puerta de Vecina Siniestra está abierta. Me acojono, pero asomo la nariz al recibidor. Estoy a punto de preguntar ¿hay alguien aquí?, pero sólo imaginar que alguien o algo me contesta, me pone los pelos como escarpias. Si nadie me dice lo contrario, diría que toda esta paranoia empezó en esta casa. Así que decido entrar, muy poquito a poco, con el stick agarrado a dos manos. Pronto no veo nada, así que decido sacar mi móvil del bolsillo e ir alumbrando por donde ando. Llego a lo que parece la sala de estar, con el corazón desbocado por el miedo, los nervios y una imaginación que no para de recordarme sustos de películas de terror. La sala en sí no es muy grande, está abarrotada de trastos que no puedo discernir ya que no veo más allá de tres pasos. Pero aquí huele a pis de gato en conserva, por lo menos. Me acerco un poco más a lo que parece el centro de la habitación y entonces la escena me recuerda a mi último viaje a Madrid. Todo tipo de basura, cacharros, muebles, ropa, juguetes, electrodomésticos varios se reúnen del suelo al techo, abarrotando el cuarto y haciendo que prácticamente no pueda andar más. Espero que no haya un hombre inmóvil sentado en una silla entre la mierda. Esto es Diógenes en estado puro. Giro sobre mí misma para ver el resto de la habitación y descubro el marco de lo que parece una puerta. Es imposible llegar hasta allí, kilos y kilos de mierda se interponen en el camino. ¿Y si todo esto no es más que una epidemia de rabia? ¿Y si entre toda esta bacanal de basura, una rata o un gato mordió a Vecina Siniestra y marido y han aislado la zona por precaución? Pero si ha habido un protocolo de evacuación, ¿por qué yo no me he enterado de nada, si vivo al lado de la Zona Cero? Y de repente oigo un golpe. Agarro mi stick y lo alzo. Escucho atentamente. Lo oigo otra vez. Parece como si alguien estuviera arrastrando los pies... Levanto el móvil y enfoco la débil luz de la pantalla al marco de la puerta. Se mueve. Otra vez me viene Madrid a la cabeza, donde la vieja de Rec casi sale por una puerta muy similar a ésta. Yo me largo de aquí. Tropiezo un par de veces y salgo al descansillo. Cierro la puerta de Vecina Siniestra. Entro en mi casa. Estoy chorreando sudor por todas partes, llevo agarrado el stick con tanta fuerza, que me he clavado las uñas y ni me he dado cuenta. Respiro tan rápido que voy a hiperventilar. 

Tanto rollo y al final no he subido al tejado.

1 comentario:

  1. Casi no se ni como escribirte esto, me gustaría decirte tantas cosas que se quedaron de por medio, que no tengo ni el método (blogger no me permite MP's)


    Parece que todo marcha bien, me alegro un montón, algún día llegaré a contarte lo bien que me marcha a mi también.


    Disculpas por todo lo sucedido y espero que no te ofenda que te escriba

    Un saludo!

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