El techo tembló una vez más y se escuchó un estruendo horrible. En la total oscuridad de Els Genis, los cuerpos nerviosos del Matriarcado se estremecían en medio del estupor. Javi sacó su móvil del bolsillo e iluminó tenuemente las caras de sus amigas. Judith mantenía los ojos muy abiertos. También echó mano a su teléfono. Las demás hicieron lo mismo e iluminaron la estancia. Lara se acercó al cuadro eléctrico y accionó el diferencial un par de veces. No ocurrió nada. Sacó entonces una bolsa llena de velas de té que utilizaba para poner de centro decorativo en cada una de las diminutas mesitas de Els Genis. Se pusieron todos como locos a encender velitas y Sara se dirigió a la puerta trasera. Accionó el pomo pero la puerta no se movió. Eli se había acercado y la ayudó a empujar la puerta metálica. Tan sólo consiguieron moverla un par de centímetros, los justos para ver kilos de escombros obstruyendo la calle, puerta de Els Genis incluida.
-Estamos atrapados.
-¿Qué?
-La puerta no se abre.
-Espera, déjame a mi...
-Que no Abuelo, que necesitarías una excavadora...
-Que no hombre... venga, va.- Judith y Javi se acercan a la puerta y empiezan a empujar con todas sus fuerzas. Mientras tanto, Lara ha comprobado una vez más la cobertura de su móvil. Nada. Kaput. Puto sótano. Pero se le ocurre algo. Corre hacia la puerta y aparta de un manotazo a Jude. Mete el teléfono por el diminuto hueco hacia el exterior y llama a Vicenç. Ha conectado el altavoz. Se escuchan los primeros tonos de llamada. Lara sonríe. Su avión ya debería haber aterrizado en Barcelona. Los demás escuchan expectantes. Alguien descuelga al otro lado. La conexión está llena de interferencias, ruidos y disparos de fondo.
-Allo! ... Da? Slushayu! Alexeyev slushaet! ... Allo?! Da?! ... Ey, parshiviy, syuda idi!-
-Vicenç! Amor! Vicenç?! ... ¿Quién eres tú? ¿Dónde está Vicenç? ... ¿Qué pasa? ¿Vicenç? ¡¡Vicenç!!- Lara se ha ido poniendo más y más nerviosa a medida que hablaba. Un estruendo suena al otro lado de la línea. La llamada se corta. Lara está temblando, por su cara caen gruesas lágrimas. Cae de rodillas pegada a la puerta. Los demás, a su alrededor, comparten una mirada silenciosa en la penumbra. Eli apoya su mano en el hombro de Lara.
-Lara, lo mismo...
-¡No! Me he equivocado de número, ¿vale? Ya está. Me he equivocado. Ahora vuelvo a llamar y... - Lara se ha apartado del contacto de su amiga y vuelve a marcar un número en su teléfono. Tras un largo silencio incómodo, Judith sugiere llamar a los bomberos.
-Buena suerte con eso, yo ya no tengo señal.- Una aparentemente recuperada Lara se seca las lágrimas, se levanta del suelo y se encierra en el minúsculo lavabo del bar.
Uno por uno intentan contactar con los diferentes servicios de emergencia desde todos sus teléfonos, pero Lara parece estar en lo cierto. No hay señal. Sólo hay dos maneras de entrar y salir de Els Genis. La primera es un ascensor que no les sirve de nada sin electricidad y la otra es la puerta trasera que está obstruida por los escombros. Así pues, están atrapados en Els Genis. Además, y para acabar de arreglar las cosas, el bar estaba cerrado al público ésa noche para celebrar el regreso de Vicenç, con lo cual y sin poder avisar a nadie de su situación, ningún equipo de rescate entraría a un sótano con el cartel de "Cerrado por descanso de personal, volved mañana." en la puerta. Pero lo cierto es que sobrellevaron los acontecimientos bastante bien. Se comieron con hambre el pequeño piscolabis preparado para la fiesta y bebieron mucha cerveza. Incluso Javi no parecía demasiado afectado, ya que seguía despotricando sobre el gobierno, la troika y la madre que los parió a todos. Algo gordo pasaba, eso estaba claro. Pero ¿qué? ¿Una revolución? ¿Un ataque terrorista? ¿Un escape de gas? Lo cierto es que podría ser cualquier cosa y aunque ciertamente Sara y Eli sospechaban sobre algo más macabro que todas esas suposiciones, no quisieron enrarecer más el ambiente. Ya tenían suficiente con una Lara semicatatónica que se pasó la mayor parte del tiempo acurrucada en un sofá.
Al día siguiente su despertar fue algo brusco. Una granada de mortero explotó tan fuerte y tan cerca que abrió un boquete en el costado izquierdo de la puerta trasera. Parte del techo y de la pared exterior del bar se desplomó sobre la barra. El pequeño sótano se llenó de una polvareda gris sofocante al instante. No podían escuchar más que un pitido agudo ensordecedor a causa de la explosión. Gritaron sus nombres una y otra vez sin ser capaces de verse u oírse. Atontados por el susto y la situación, desorientados, permanecieron quietos hasta que el polvo se asentó y pudieron verse unos a otros. Un gran halo de luz natural se colaba desde el exterior. No eran más de las once de la mañana. Aquello no parecía un rescate.
-¿Estáis todos bien?- Sara ha sacado el pequeño botiquín de la cocina del bar y se acerca a los demás, que se han reunido en el centro de la sala. De repente se escuchan disparos. Todos se agachan instintivamente. Con el cuerpo a tierra y la vista fija en el agujero, ven pasar sombras humanas. Javi entra en modo comando y mantiene a sus chicas agachadas y calladas, cubiertas por un par de mesas como defensa. Él, sigiloso, se acerca poco a poco al hueco donde se ve sorprendido por un hombre, que entra por el agujero y cae encima de Javi. Las féminas saltan al instante y se lanzan contra el intruso. Al apartarlo del Abuelo, descubren que lo conocen. Es Tirso. Un cliente habitual del bar. Treintaytantos, aire hippiesco, algo colgado por su consumo de drogas psicotrópicas. Su ropa está ensangrentada y él parece aturdido.
-No... no... por favor, no...- Eli intenta calmarle pero antes de poder recuperarse, un niño se cuela en el bar. Va completamente desnudo. Judith abre los ojos como platos.
-¿Pablo? ¿Pablito?- Pero, aunque parecido a, ése niño no es Pablito. Porque este niño, de preciosa piel azabache y de unos tres años, tiene los ojos en blanco y la mirada perdida. Camina descalzo por los escombros sin inmutarse. Tirso se tensa y retrocede nada más verle.
-No... no dejéis que se acerque...
-¿Qué coño está pasando, Tirso? ¿Qué pasa?
-Nos va a matar a todos...- Tirso agarra una silla y se la lanza al niño, que cae al suelo.
-¿Pero qué haces? ¡Estás loco!- Jude corre al auxilio del pequeño, que se le lanza al cuello nada más verla. Empieza entonces un baile torpe y disparatado lleno de alaridos por todo el local donde Judith intenta quitarse de encima al niño ante la estupefacción de los presentes y el terror de Sara, que ha empezado a hiperventilar.
-¡¡Quitadmelo de encima!!
-En la cabeza, ¡hay que darle en la cabeza! ¡Trae!- Tirso le quita la muleta a Eli y empieza a dar muletazos a diestro y siniestro, dándole más a Judith que al niño diabólico. Los demás intentan ayudar pero sólo consiguen empeorar la situación. Tras unos cuantos bandazos y un par de revolcones por el suelo, Tirso lanza al niño dentro del lavabo y se encierra con él. Pone el pestillo mientras el niño le muerde en la pantorrilla derecha. Tirso lo coge por las piernas, lo zarandea en el aire y le golpea la cabeza repetidamente contra la pica del baño hasta que rompe la porcelana. Parte del cráneo del pequeño se desprende y cae al suelo. Entonces, en la total oscuridad de ése minúsculo baño cubierto de sangre, Tirso se sienta, coge un pedazo de porcelana fina y se raja ambas muñecas.
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