viernes, 4 de enero de 2013

Brote 08: El viaje a ninguna parte

Han pasado más de veinticuatro horas desde que empezaron a ocurrir cosas extrañas a mi alrededor. Veinticuatro horas sin ver a ningún ser humano. 

Cuando volví a casa, sudorosa y asustada por mi visita a casa de Vecina Siniestra, decidí apostarme al lado de la ventana de la cocina, en busca de cualquier señal de vida humana. Decidí que subir a la terraza de mi edificio no era lo más conveniente a esas horas de la noche (y la verdad es que con lo cagada que estaba en ese instante, no habría sido capaz ni de pegar ojo con las luces encendidas). Revisé una por una todas las ventanas de los edificios vecinos, buscando luz, movimiento, alguna señal de que no estaba sola. Miré en las pizzerias que abrían hasta tarde y que llenaban la calle de enfrente. Por último, utilicé el zoom de mi cámara de fotos para poder examinar las ruinas de la comisaria, cada vez más cubierta de nieve. Todo fué inútil. Hice un par de fotos del estado de la calle para convencerme de que todo aquello era real. Después de eso, me lavé los dientes, llamé una vez más a Teemu y caí rendida en la cama tras un día totalmente aterrador.

Hoy me he levantado a eso de las nueve de la mañana, inquieta. He pegado mi oreja a la pared, intentando escuchar algo del maldito piso de al lado. Nada. Al ir a mear me he dado cuenta de que la luz no funciona. Y no se me han fundido los plomos. Me he asomado a la ventana y los semáforos no funcionan. Tampoco están iluminados los rótulos rojos de las tiendas erótico-festivas. ¿No os había comentado que vivo en la zona de thai massage de Lahti? Si ha caído el sistema eléctrico, la cosa (sea lo que sea) se complica bastante. Estamos en pleno enero en Finlandia, con temperaturas diarias de -15ºC. de media. Adiós calefacción, adiós platos calientes (mi cocina es eléctrica), adiós nevera, adiós televisión, radio e internet y pronto, muy pronto, adiós baterias de móvil, cámara y portátil. El siglo XIX me da la bienvenida. Por suerte, aún tengo agua corriente. Voy a llenar todas las botellas vacías que encuentre. Por si acaso. También saco la mochila más grande que encuentro del armario. Es de Teemu, de cuando se va a jugar a floorball. No sé nada de él. Estoy muy preocupada. Pero he decidido no estarlo más. 

Voy a salir a buscarle. A él, y a todos los jodidos habitantes de la ciudad, de los cuales no queda ni rastro. 

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