lunes, 25 de febrero de 2013

Brote 15: Las dos torres

Antes de poder marcharnos de Lahti debiamos visitar Radiomäki, la colina de al lado de mi casa, donde además de una pista de atletismo y un cementerio viejo, se encontraban las dos torres de radio de larga frecuencia, de unos 150 metros de altura cada una. Teníamos la esperanza de poder enviar o recibir algún mensaje desde allí. Hacía unos días que Bea se había instalado en mi casa, ya que quedaba mucho más cerca del centro de la ciudad y nos estábamos preparando para el viaje a Orimattila. No podíamos esperar mucho más para irnos, ya que no había parado de nevar, y las carreteras cada vez estaban más colgadas de nieve. Por no hablar de que Bea había tardado más de un dia en encontrar un coche con gasolina y batería suficiente para poder largarnos. Detalle finlandés a tener en cuenta: las gasolineras no tienen empleados ni lavabos ni áreas de servicio. Son unos cuantos surtidores en medio de la nada sírvase-usted-mismo-con-tarjeta-de-crédito-que-no-estamos-de-humor-como-para-helarnos-el-culo. Al no haber electricidad, bye bye gasoil. Así que no sé hasta dónde llegaremos con un vehículo motorizado. Al coche elegido, lo he bautizado como Porompompero, en homenaje al coche de mi amiga Sara. Es un pequeño Nissan Micra de tres puertas de color blanco, con pinta de haber sido muy usado. Apenas nos caben todos los trastos ahí dentro, pero tenía las llaves puestas, las puertas abiertas, más de medio depósito lleno, el salpicadero del copiloto lleno de sangre seca y un ambientador de pino verde. Una ganga.

Nos calzamos las botas y bajamos a la calle, el camino que lleva a la colina está a la izquierda de mi calle, detrás de la comisaria. La nieve amontonada hace imposible decir que hace una semana aquello era un edificio de cinco plantas. Como es imposible pasar por ahí, tenemos que dar un poco más de vuelta para llegar a la pequeña montaña. Desde la cima podemos ver casi toda la ciudad. Ha nevado tanto y hace tanto que no hay actividad humana, que todo parece un gran desierto de nata montada. Algo en mi corazón se encoge. Ese infinito blanco llega hasta más allá del horizonte. ¿Cómo vamos a salir de aquí? Al pasar cerca del pequeño y viejo cementerio, Bea susurra:
-No te muevas. No estamos solas.

Radiomäki

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