miércoles, 27 de febrero de 2013

Brote 18: Los Niños Perdidos

Plaza Cataluña estaba llena hasta los topes. Era difícil caminar o incluso mantenerse firme sin ser llevado por la marea humana. Ésa masa de gente hacía parecer una lata de sardinas amplia y confortable. Era una manifestación histórica. Nunca tanta gente se había reunido con el mismo objetivo, pero la ocasión lo merecía. Nunca se había lapidado de forma tan brutal el estado del bienestar y los derechos básicos de los ciudadanos. Lentamente, pero sin tregua, el Estado había conseguido que la gente sólo pudiera quejarse y aceptar un destino siniestro e incierto. Pero aquel día, habían dicho basta. Hasta aquí hemos llegado. Familias enteras, mayores y pequeños atestaban las calles del centro de Barcelona reclamando justamente sus derechos. Los Mossos d'Esquadra no tardaron en llegar. El ambiente se cargaba por momentos. Javi esperaba en la salida del metro de Passeig de Gràcia a que llegaran sus niñas. La escena le recordaba mucho a unos cuantos años atrás, cuando se reunieron en el mismo sitio para asistir a la manifestación del No a la Guerra. Ahora, la situación había cambiado, el enemigo se había camuflado, se había trajeado, ya no era tan visible aunque fuera mil veces más mortífero. ¿Cómo cambiar un sistema entero? Como no llegase el Apocalipsis...

Eli, Sara, Judith y Lara salieron con dificultad de la estación de metro, llena de gente y saludaron a Javi efusivamente. Recordaron la noche anterior en la rave. Tenían una buena resaca. Lara era la única que se mantenia en silencio ante el parloteo de sus compañeros. Estaba intranquila, mirando y toqueteando su móvil constantemente. Su última conversación con Vicenç le había puesto la piel de gallina. Vicenç tenía miedo. En Vladikavkaz reinaba el caos. Gente armada corría por las calles y habían instaurado el toque de queda. Se oían disparos, sirenas y gritos por doquier. La electricidad fallaba y Vicenç se temía atrapado en Rusia. Las informaciones eran confusas. Oficialmente se decía que un grupúsculo terrorista armenio estaba tomando el control de la ciudad. Vicenç sólo quería salir de ahí. Lara estaba destrozada, la llamada se había cortado y no había podido volver a hablar con él desde entonces. Aún así, no fue capaz de contarles nada a los demás. Se había perdido en sus agoreros pensamientos y cuando volvió a conectar con la realidad, los demás se habían enzarzado en una agitada discusión sobre qué hacer con el sistema político del país. 

Mientras la manifestación se movía a la velocidad de un caracol artrítico, las fuerzas del orden empezaron a cargar indiscriminadamente sobre Plaza Cataluña. Debían vaciar la plaza. Se oyeron disparos al aire y una estampida se contagió de punta a punta del lugar. Botes de humo, pelotas de goma, porras y botas se hicieron paso. El griterío y las carreras atropelladas se hicieron dueños del momento. Muchas familias y grupos de amigos se vieron separados y perdidos entre el gentío y muchos niños y mayores rodaban por los suelos, golpeados por la marabunta. El caos se contagiaba a todas las columnas que formaban la manifestación, como una onda expansiva. La mayoría de la gente huía de los antidisturbios, pero unos cuantos no solo no huían, si no que parecían atacar a los agentes y a cualquier persona que tuvieran cerca. Cuando la acción alcanzó a nuestros amigos, ellos no se amedrentaron. Habían estado en cargas antes, eran valientes y decididos, y sabían que luchar por sus ideales significaba llevarse un porrazo de vez en cuando. Se habían agarrado uno a otro, formando una cadena humana, para no perderse entre esa masa aterrorizada. Pero esta vez era diferente. Los policías parecían igual de acojonados que los manifestantes. Unos cuantos antidisturbios habían salido corriendo dejando atrás escudos y demás material. Olía a plástico quemado. Pelotas de goma rebotaban aquí y allá. El humo de los botes cada vez era más sofocante. El griterío era ensordecedor. Ruido de sirenas. Olor a pis. Estirones. Pisotones. Dolor. Miedo. Lara está atrapada por la masa, la están aplastando contra el suelo. Aprieta la mano de Sara, que cae con ella. Un uniformado le da un porrazo en la sien izquierda a Javi. Un chorro de sangre caliente rocía la cara de Eli, en un gesto rápido, como una eyaculación. Judith recibe una bola de goma perdida en el costado derecho. La cadena se ha roto. 

Se han perdido.


No hay comentarios:

Publicar un comentario