Cuando cerraron el bar, aún tenían ganas de fiesta. Javi propuso ir a una rave que no quedaba muy lejos. Todas las chicas aceptaron excepto Lara, que cogió un taxi y se fue a casa. Estaba preocupada por Vicenç y no tenía muchas ganas de jarana. Judith, Sara, Eli y Javi buscaron a un latero y le compraron seis latas de cerveza para el camino. Se las acabaron mucho antes de llegar al local. El edificio en penumbra era una nave industrial abandonada llena de pequeñas salas sin ventilación, sucias, con cascotes y basura varia por el suelo. La música electrónica resonaba machaconamente y salía mágicamente de algún lugar desconocido. El lugar estaba lleno de una variedad selecta de desechos nocturnos. Aquello era un Gran Reserva. Aún así, el ambiente era festivo y Eli, Sara, Judith y Javi andaban de una sala a otra, reconociendo la zona. Olía fuertemente a grasa, como si aquel edificio hubiera sido un taller mecánico gigante. Dejándose llevar por la euforia, saltaban arriba y abajo, al ritmo de la música. A su alrededor, la gente se comía a besos, literalmente. Dos chicos con crestas chillonas tenían emparedada a una chica muy delgada con rastas que recordaba a una amazona guerrera. Le metían mano por todas partes, uno de ellos le besaba el cuello mientras el otro le comía la boca. La chica parecía extasiada hasta que un líquido oscuro empezó a correrle barbilla abajo. De repente, se creó un círculo a su alrededor. La chica logró zafarse y se dirigió al centro del grupo que la rodeaba. Alguien la arañó. Ella saltó hacia el lado contrario, el círculo cada vez se cernia más sobre ella. No tenía escapatoria. Saltaba, pataleaba, daba manotadas al aire. No importaba. Ése sería su último pogo.
Sara volvía de mear en el suelo de un cuartucho con apariencia de armario escobero y aroma de excremento humano. Rezaba por no haber pisado nada. Pasó cerca de un pogo follonero donde una loca recubierta de pintura no paraba de chillar. Recibió un codazo. Les dedicó una mirada de odio profundo y se reunió con los demás. Decidieron irse a casa. Aquello estaba demasiado muerto.
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