Los amantes del Círculo Polar trazaban una circunferencia sobre su muñeca. Sus ojos brillantes se paseaban curiosos entre los variopintos pasajeros del vagón del metro. Quería llegar a casa. Había sido un día largo. Tenía ganas de tomarse una cerveza fresquita y desconectar un rato. La pierna le dolía un poco, señal de que quizá lloviera más tarde. Una pena, porque le apetecía pasarse por la terraza del Piano. Próxima parada: Badalona Pompeu Fabra, final de línea. Se bajó del vagón. Ya en casa, encontró a Sara y Judith en el sofá, fumando y discutiendo qué harían el fin de semana. Se sentó con ellas y se lió un cigarrillo. Debía acabar su trabajo para la universidad y aunque le daba mucha pereza, se fue a su cuarto. Encendió el ordenador. Puso algo de Kiko Veneno y comprobó un par de emails de compañeros de la facultad. Hacía rato que había empezado a llover torrencialmente. El viento golpeaba la ventana. De repente, recordó que su ropa estaba colgada en el balcón. A ésas alturas sus bragas habrían alcanzado Finlandia. Finlandia, pensó. Hacía un par de días que no sabía nada de su amiga en el extranjero. Un último post en su blog le había dejado mal cuerpo. Algo sobre un vecino ensangrentado vagando por la calle. No pudo reprimir un escalofrío. Tenía un mal presentimiento.
Me ha encantao, oye! si es como mi conciencia... qué tía.
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